
Por un lado hay quien sostiene que es una infantilidad, dedicada tan solo al público joven, que poco se puede sacar de ella.
Pero, por otro, la mayor parte de las personas que la han visto coinciden en que la película es un inquietante relato acerca del paso de la infancia a la juventud, donde todos los sueños e ilusiones e infantiles se pierden para enfrentarse a la dura realidad.
Esta fue la razón por la que me animé a verla ayer por la noche, en uno de esos momentos en que a uno no le apetece irse a dormir.
He de reconocer, que la película no me gustó en algunos momentos, porque se me hizo un poco pesada y alguna que otra cosa no la entendí (aunque eso se lo achaco a que era un poquito tarde ;) ) pero aún así en general estuvo bien; bastante infantil, pero la historia lo necesita.
Y desde aquí es la pregunta que lanzo: ¿Debemos conservar dentro de nosotros ese toque justo de infantilidad y seguir siendo soñadores durante nuestra vida? o, al contrario, ¿perder ese ser egoísta y alegre propio de un niño? ¡Espero vuestras respuestas!